Este extraño país de “clases medias”

La afirmación de que República Dominicana haya sido convertida durante los últimos años en “país de clases medias” ha producido estupefacción y se ha prestado para ejercitar el sentido del humor en la mayoría de quienes han escuchado semejante declaración

Matías Bosch Carcuro

Latinoamericano, profesor universitario, activista social y aficionado a la fotografía. Escribe artículos de manera regular para el debate y la reflexión colectiva.

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Recientemente, el ministro dominicano de Economía, Planificación y Desarrollo volvió a consignar, con orgullo, los méritos de la gestión económica y social que en los últimos años, según él afirma, ha logrado convertir a República Dominicana en “un país de clases medias”. Un auténtico milagro de la nueva era que disfruta el país.

Todo esto a raíz de las conclusiones de un informe presentado en septiembre de 2015 titulado “Evolución de la población de la República Dominicana por estratos de ingreso en 2000-2015 según definición del Banco Mundial (BM) y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)”.

En el documento, elaborado por el Ministerio, se expresan las bases sobre las cuales se afirma el análisis realizado:

“Un informe del Banco Mundial sobre  América Latina (“La movilidad económica y el crecimiento de la clase media en América Latina”, 2013), caracteriza la clase media según el concepto de seguridad económica  (…) El informe  señala como rasgo distintivo para pertenecer  a la clase media  la estabilidad económica del hogar, lo que implica baja probabilidad de volver a la pobreza (…) También define como grupos vulnerables los hogares que se mueven entre la pobreza y la clase media con probabilidad de caer en la pobreza”.

La afirmación de que República Dominicana haya sido convertida durante los últimos años en “país de clases medias” ha producido estupefacción y se ha prestado para ejercitar el sentido del humor en la mayoría de quienes han escuchado semejante declaración. Pero ¿qué podemos encontrar que sea verdaderamente cuestionable en este discurso? Vayamos asunto.

  1. Lo primero es que la metodología Banco Mundial/PNUD sólo considera los ingresos totales de una persona (siempre como parte de un hogar) y establece valores de corte para distinguir pobreza, vulnerabilidad, clase media y los hogares “residuales”; valores que a primera vista resultan discutibles: 4 dólares como máximo por persona al día para ser pobre; entre 10 y 50 dólares por persona al día para ser “vulnerable”, más de 50 dólares al día por persona para ser “clase media”. Todos los hogares que obtienen ingresos por encima de ese monto, desde un abogado o médico que le va regular hasta los Vicini, los Corripio, los Grullón o los Rainieri, son por igual, para este informe, la panacea del bienestar y se llaman “hogares residuales”.

Tomar como base un ingreso de menos de 4 dólares diarios, es decir 180 pesos por persona, y asegurar que con ello un matrimonio o una madre y su hijo, que en total suman 360 pesos diarios, han dejado de vivir en la pobreza, parece más que ilusorio. Habría que ver para cuánto dan 10.800 mil pesos mensuales en la República Dominicana de hoy, cuánto gasto en calidad de vida y en derechos esenciales permiten, qué capacidad de ahorro otorgan a un hogar y cuánta inversión en prosperidad familiar soportan. Estamos hablando de un ingreso menor al costo que el Banco Central adjudicó en diciembre de 2015 a la canasta básica familiar del 20% más pobre: 13.090,62 pesos.

  1. Luego, y muy importante, hay que resaltar que esta metodología considera para el análisis todos los ingresos del hogar, vale decir incluye los ingresos del trabajo y del capital, pero también los subsidios del Estado y las remesas. Por tanto, un hogar que salta de un tramo de ingresos a otro por subsidios y remesas, no debe su “avance” al modelo socio-económico dominicano, ni a la gestión del Estado ni al “buen funcionamiento de los mercados”.

Lo dicho anteriormente puede ser visto con el prisma del Boletín de Estadísticas Oficiales de Pobreza Monetaria de República Dominicana, publicado por el mismo Ministerio y en el mismo mes de septiembre de 2015. Ese Boletín declara que entre 2013 y 2015 el cambio o disminución (supuesta) de la pobreza en el país se debió más al crecimiento económico que a la distribución de los ingresos, lo que permite decir que se trata más de cómo se promedia (calculadora en mano) entre los habitantes la riqueza producida en cada año y se trata menos de a cuánta riqueza acceden realmente las personas producto de su trabajo y su condición humana.

Pero este boletín nos dice otra cosa muy importante,  y es que en el ingreso total de las personas se computan el ingreso laboral (fruto de su trabajo), el ingreso del exterior (remesas), y el ingreso producto del programa Progresando con Solidaridad, es decir, los ingresos que las personas obtienen por transferencias condicionadas a través de una caridad estatal muy focalizada.

  1. Ante esto, habría que hacerles ver a las autoridades la contradicción intrínseca de su informe. Habla de una “clase media” caracterizada por la “seguridad económica” con “baja probabilidad de volver a la pobreza” pero incluye en ella a miles y miles de hogares dominicanos cuyos pírricos ingresos en gran medida no están bajo su control, sino que son el fruto de un programa de asistencialismo estatal (condicionado a la miseria familiar) o fruto de la beneficencia de sus familiares residentes en el exterior, mientras que sus ingresos autónomos, los que pueden lograr con sus propias manos y esfuerzo, son prácticamente de hambre, sin que el modelo socio-económico ofrezca otras oportunidades. Es decir República Dominicana sería el primer país de clase media que al mismo tiempo basa su economía en  no generar empleo productivo, ni salarios de calidad ni la calificación en su fuerza de trabajo, y sosteniendo a las mayorías con salvavidas de emergencia sin los cuales sucumbirían en la miseria y la desprotección. Toda una excepción teórica digna de los Récord Guinness.
  1. Esto resulta aún más notorio cuando se toma la afirmación de que el 44.3% de la población corresponde a hogares “vulnerables” y el 25.9% a hogares “pobres”, considerando todos los ingresos, y se le contrasta con los resultados del informe “Ser justos es lo primero…” de la Fundación Juan Bosch y la Fundación SOL (Chile) que, al medir los ingresos autónomos -es decir fruto del trabajo de las personas y de la equidad en los salarios-, obtuvieron que el 60% de los trabajadores formales y el 80% de los trabajadores informales recibían salarios (en su principal actividad laboral) por debajo del valor de la canasta mínima familiar en 2013, y que los salarios del 58.2% de los trabajadores dominicanos ganan salarios (en su principal actividad) por debajo de la línea de pobreza oficial establecida por la autoridad. La pregunta conclusiva en este aspecto es ¿cuántos pocos serían los hogares de clase media si no se abultaran los ingresos con las remesas  y las transferencias condicionadas del programa Progresando con Solidaridad? ¿De qué clase media se puede hablar cuando trabajo y salarios son iguales a hambre y falta de dignidad humana?
  1. Finalmente, vale subrayar algo ya deslizado previamente: parece haber en las declaraciones de las autoridades lo que Armand Mattelart -estudioso de los signos y los símbolos- llama un “efecto de realidad”. Aun siguiendo esta metodología, que usa límites de ingresos discutibles para ubicar o no a un hogar en la pobreza, y que abulta los ingresos de los hogares, ¿por qué en vez de afirmar a viva voz que República Dominicana es un “país de clases medias” (a las que correspondería apenas un 28.9% de los hogares) mejor no se reconoce y admite que es un país mayoritariamente de hogares pobres y vulnerables, un 70.2% que carecen de ingresos suficientes para estar seguros y vivir con dignidad, con todo y asistencialismo y remesas fruto del exilio económico de sus familiares?

Luego de un informe con tantos vicios se podrá seguir afirmando que “la pobreza disminuyó en 787,124 personas y la clase media tuvo un aumento de 915,879 personas”. Pero con argumentos claros y preciosos podemos negar su validez sin que se trate de pesimismo ni de ver “el vaso medio vacío”. No existe tal “milagro” dominicano. No puede haber éxito donde hay falta de trabajo, injusticia y ausencia de derechos fundamentales sino es equivocando o desviando el diagnóstico. El país sigue siendo negado, en los hechos y en las palabras, en vez de ser mirado, reconocido y transformado.

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