Oscar 2016: Más allá del arte

Spotlight fue seleccionada por su guión, su actuación y su relevancia. The Boston Globe destapó el escándalo que la Jerarquía Católica había mantenido oculta por cientos de años

Argelia Tejada Yangüela

Socióloga, estadígrafa, maestra, escritora y activista por la separación del Estado de las religiones.

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El domingo pasado Spotlight ganó el Oscar 2016 más codiciado: la mejor película. Además, Tom McCarthy y Josh Singer fueron premiados por el guión original de Spotlight. El guión se fundamenta en hechos reales publicados en el libro Betrayal, the Crisis in the Catholic Church por el equipo de investigación del The Boston Globe; grupo que destapó por primera vez los abusos sexuales de menores cometidos por sacerdotes católicos de la Diócesis de Boston.

La lista de películas nominadas para mejor película del año incluyó a The Big Short, Strangers on a Bridge, Brooklyn, Room, Mad Max Fury Road, the Martian, the Revenant y Spotlight. Los dos primeros y el último se fundamentan en hechos reales, no en novelas sobre la realidad.

The Big Short, producida por Brad Pitt, Dede Gardner y Jeremy Kleiner, se basa en la crisis inmobiliaria y financiera de 2008. Cuatro extraños a Wall Street observaron los mercados financieros estadounidenses para predecir la catástrofe del mercado inmobiliario y de los grandes bancos. Sus observaciones les permitieron amasar una fortuna y exponer la corrupción de las instituciones financieras con ramas en el mundo desarrollado. El libro de Michael Lewis The Big Short que fundamenta el filme, fue un best-seller cuando fue publicado en 2010.

Bridge of Spies, producida por Steven Spielberg, Marc Platt y Kristie Macosko Krieger, se desarrolla en 1957 durante la Guerra Fría. El actor Tom Hanks personaliza al abogado James Donovan, quien defendió al ruso acusado de espionaje y luego negoció su intercambio con un piloto americano prisionero de la Unión Soviética. En 1964, Donovan publicó sus memorias en un libro titulado Strangers on a Bridge, que inspiró la creación de este filme.

Spotlight fue seleccionada por su guión, su actuación y su relevancia. The Boston Globe destapó el escándalo que la Jerarquía Católica había mantenido oculta por cientos de años. Una vez los hechos fueron progresivamente publicados, las víctimas perdían el miedo y políticos anteriormente complacientes a la Jerarquía cambiaron legislaciones para criminalizar el traslado de sacerdotes acusados de pederastia. Su efecto no se limitó a la diócesis de Boston. Victimas de todos los Estados Unidos y de los países del mundo desarrollado, donde los derechos humanos son más respetados, se presentaron a denunciar sus casos y sus gobiernos a investigarlos. En Canadá, el Reino Unido, Irlanda, Bélgica, Alemania, Australia y demás países de Europa, la iglesia Católica enfrentó una crisis comparable al cisma de la Protesta Luterana. El efecto de dominó llevaría al Papa Benedicto XVI a renunciar y a los cardenales a elegir un papa no-europeo. Y todo comenzó con la investigación del equipo Spotlight de un periódico de Boston.

La historia de Spotlight se inicia en junio de 2001, momento en que el Cardenal Bernard F. Law, arzobispo de Boston, admitió a la corte de justicia que hacía 17 años nombró al sacerdote John J. Geoghan como vicario parroquial de una afluente comunidad sub-urbana de Boston, a pesar de haber sido notificado dos meses atrás que Geoghan había alegadamente abusado sexualmente de siete niños. Además, el abogado defensor del obispo había señalado que médicos habían dado el visto bueno para que el Padre Geohan continuara su ministerio.

El hallazgo de este documento en los archivos de la justicia cambió el rumbo de la investigación. No se trataba ya de investigar si un sacerdote había utilizado su ministerio para abusar sexualmente de niños, sino de determinar si existía un patrón de comportamiento de parte de la Iglesia Católica Romana para proteger sus sacerdotes sin ningún tipo de preocupación por las consecuencias funestas en niños, niñas y adolescentes.

El libro Betrayal, publicado en 2002, fue ganador del Premio Pulitzer por Servicio Público. Ha sido considerado por sus críticos como uno de las investigaciones periodísticas más significativas desde que Woodward y Bemstein reportaron sobre Watergate, y ha sido brillantemente llevado a la pantalla grande con el nombre de Spotlight, que el domingo pasado ganó el Oscar 2016 como mejor película.

El libro está escrito principalmente por el equipo Spotlight, los reporteros responsables de descubrir el escándalo de sacerdotes pedófilos de la diócesis de Boston y el abuso de cientos de niños inocentes. Ellos son: Matt Carroll, Kevin Cullen, Thomas Farragher, Stephen Kurkjian, Michael Paulson, Sacha Pfeiffer, Michael Rezendes, y el editor del equipo Walter Robinson. El título Betrayal, (Deslealtad) expresa la singularidad del acto. No se trata de una violación de oportunidad por un maniático sexual. Se trata de cómo la Iglesia Católica Romana, en las figuras de sus gobernantes, el Cardenal Law, Cardenal Egan, Cardenal Mahony y otros, que prometieron vivir por el Evangelio y proteger a sus fieles, traicionaron por décadas la confianza depositada en ellos.

Protegieron al Padre Geoghan, al Padre Birminghan, al Padre Shanley, al Padre Trupia, y cientos más, que fueron acusados de abusos sexuales de menores. Bajo un manto de silencio protector y de misericordia hacia los depredadores sexuales de menores, los gobernantes de la Iglesia los sacaban y los enviaban a otras parroquias. Trataban a las victimas con “desprecio y fría indiferencia”. Al igual que como ha sucedido en la República Dominicana, políticos, policía, y procuradores fueron complacientes con los líderes religiosos, permitiéndoles “refugio y escape”. La Iglesia Católica de Boston, para evitar el escándalo de la pederastia en las cortes, pagó US$1,300 millones para comprar el silencio de las víctimas y así evitar que decenas de millones de católicos conociesen la verdad sobre los hombres que dirigían sus parroquias.

En el libro y en la película, es impactante el efecto de las publicaciones en las víctimas que hasta ese momento mantuvieron silencio. Se hicieron conscientes de que sus casos no fueron aislados, y que enfrentar a sus violadores, no importa los años que transcurrieran, era una manera de aliviar el peso del oprobio sufrido y reprimido. Incesantemente, los teléfonos del The Boston Globe sonaban, y sonaban…

En Republica Dominicana el caso de las niñitas violadas en Higüey no debe quedarse en el olvido. El 15 de agosto del 2012 escribí una Petición a través de Change.org dirigida al Presidente de la República Danilo Medina, al Presidente de la Suprema Corte de Justicia Mariano Germán y al Nuncio Apostólico en el país Josef Wesolowski, solicitándoles que tomaran acción sobre el caso de las niñitas violadas en el albergue “La Ciudad del Niño, San Francisco Javier” de Rafael del Yuma, de Higüey, Se unieron a la petición 384 personas sin que Medina, Germán o Wesolowski respondieran. Puede ser leída en https://www.change.org/p/justicia-para-las-v%C3%ADctimas-de-sacerdotes-pederastas-en-el-albergue-de-hig%C3%BCey-rep%C3%BAblica-dominicana

Nadie imaginaba, que el Embajador del Vaticano a quien hacíamos la solicitud, era uno de los pederastas, que fue sacado por el Cardenal del país, y cuya inocencia fue defendida por el Padre Ruiz en representación del Episcopado Dominicano. A continuación reproduzco el contenido de la petición:

“Desde el 2005 permanece cerrado el caso de los abusos y violaciones sexuales ocurridas en los años 2002 y 2003 a 12 niñas y un niño del albergue La Ciudad del Niño, San Francisco Javier de Rafael del Yuma, de Higüey, República Dominicana. Esto sucede a pesar de que las investigaciones del Ministerio Público presentaron exámenes de 10 niñas, que revelaron que por lo menos cuatro fueron víctimas de desfloración de membrana del himen y otras presentaban la membrana intacta pero con laceraciones y manipulación vaginal.

En el año 2004 la justicia dominicana favoreció seguir las exenciones y privilegios que otorga el Concordato Trujillista de 1954 a los clérigos y el juez Ramón Emilio Sánchez Carpio declaró un no ha lugar a favor de los acusados.

El día 1ro de marzo del 2005, el diácono Rigoberto de Jesús González Padial, querellante y Director del albergue, acusó al ministerio público de obstruir las investigaciones. La procuradora fiscal adjunta de niños, niñas y adolescentes, Marisol Altagracia Tobar, manifestó que la Iglesia Católica no ha tenido ninguna reacción oficial, y ha mantenido un silencio permanente y que la decisión del Juez Ramón Emilio Sánchez Carpio era una monstruosidad.

Desde el 2005 el caso se cerró debido a la trágica muerte de dos testigos condenados por los abusos sexuales, el dominicano Joel Pérez y el haitiano Eliseo Colen, que el 7 marzo del 2005 murieron entre las 134 personas carbonizadas bajo el fuego de la cárcel de Higüey. Estos testigos según el informe de patología forense presentaban impactos de bala con trazos de pólvora en los orificios de entrada en la frente. Los cuerpos presentan quemaduras después de tener horas de muertos. Y presos confesaron que los guardias trancaron los candados de las cárceles para evitar que los presos salieran de las llamas. En el 2006 el director del albergue Rigoberto González murió en un centro de salud de Santiago, donde fue a consultar, bajo declaraciones previas de que lo querían asesinar.

Antes de morir, Rigoberto González dio declaraciones televisivas en el programa de Mirna Pichardo en el 2005 que deben de tomarse en cuenta:

Primero: Desde el principio los sacerdotes Cirilo Núñez y Ramón Betances fueron mencionados por las niñas como violadores, junto a otros sacerdotes que no fueron identificados por nombres, pero que las niñas alegaban eran transportadas por una maestra para que los sacerdotes las abusaran. A pesar de ello, nunca fueron requeridos por la Fiscalía ni por el juez de instrucción de esa jurisdicción.

Segundo: Cuando llevó las niñas ante el Obispo de la diócesis para que éste las entrevistara; la reacción del Obispo Nicanor Peña fue de que no creía en las violaciones y que las niñas estaban locas.

Tercero: Sintió que su vida corría peligro y la de las niñas, por lo que se llevó a todos los niños del albergue a su casa las dos noches anteriores al cierre del albergue. Temía que me matarían a machetazos y a todos los niños del albergue.

Ante tantos interrogantes, no podemos continuar con un sistema de justicia parcializado. El poder ejecutivo, la Justicia Dominicana, y la Iglesia Católica, deben de enviar un mensaje claro a la sociedad de que la niñez no puede continuarٞ desprotegida y los crímenes impunes. En países como Canadá, los Estados Unidos, Australia, Irlanda, Bélgica, Inglaterra, Holanda y Alemania, entre otros, los gobiernos han tomado acción enérgica para investigar y traer a la justicia a sacerdotes y religiosos católicos que han usado su poder y la confianza depositada en ellos contra la población más débil y desprotegida, los niños.

No cesaremos en reclamar justicia en los tribunales, y compensación y ayuda psicológica para las víctimas, la menor con solo dos años y la mayor con 10 años cuando fueron sometidas a violaciones. Tres de ellas huérfanas y sin familiares que las socorrieran. Todas sumidas en la pobreza.

En medio de tanta preocupación por el cigoto, el embrión o el no-nacido, es inexplicable que la Iglesia Católica permita que la justicia no investigue ni lleve a los tribunales para ser debidamente juzgados a los sacerdotes señalados por niñas víctimas como culpables”.

 

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