Perros y callejeros, pero no ladrones

Fátima Portorreal

Antropóloga social, ambientalista, feminista y defensora de los derechos de la mujer y el hombre del campo.

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En las discusiones de los/as filosofos/as morales se discute hoy día diversos temas que giran en torno al racismo, emigrantes, refugiados, transgénicos, hambre, soberanía alimentaria, problemas ecológicos y de exclusión, entre otros. También se observan a los laboratorios y se cuestiona una ciencia instrumentalista que experimenta con animales de manera indiscriminada y cruel proponiéndose una ética compasiva, libertaria e igualitaria para todas las especies.

La propuesta de los/as activistas y filósofos/as es romper el antropocentrismo, a partir de una conducta y posturas morales que rechacen el “especismo” es decir la discriminación en base a la especie. Estos planteamientos que se tienen en el ámbito de los intelectuales y activistas en defensa de los animales, plantean que es un tipo de segregación idéntica al racismo. Discuten que el occidentalismo, ha mantenido una postura teológica e intelectual clásica que arguye, la falta de alma, autonomía, razón y cultura a otras especies diferentes a la humana. Esto supone una discriminación en la que coloca a otras especies, por debajo de lo humano y le infiere carácter de inferioridad y de bajo status frente a los seres humanos.

Estas posturas han repercutido de manera peligrosa en el trato con los animales, pues no solo le provocan la muerte, sino también los enjaulan, experimentan y causan dolores, además de denigrarlos como inferiores. El punto se centra en la incapacidad de entender que las diferencias, no tienen que provocar desigualdades, ni tampoco justificar maltratos, ni muerte.

Esa actitud humana como dice Peter Singer crea el especismo el que define como “un prejuicio o actitud parcial y favorable, a los miembros de nuestra propia especie y en contra de otras”. Y argumenta que el especismo es un prejuicio y la causa de un grave problema moral.

En pocas palabras, tratamos a los animales como meros objetos que existen en el mundo, para satisfacer nuestros propios deseos y los usamos como meros esclavos y alimentos. Por tales razones, la ciencia positivista, le niega el derecho a otras especies, por considerarlas un producto o una entidad salvaje. Esto me recuerde a Jean-Jacques Rousseau en su Tratado del Buen Salvaje, cuando describe, como inferiores a los “Otros”, pueblos no occidentales.

De acuerdo con Rousseau, el “hombre natural, es no social”. En su análisis, los pueblos originarios, no tienen la capacidad de raciocinio, imaginación y pasión, pero sí de libertad. Lo campará con los animales, ya por eso son pueblos sin historias y hay que civilizarlos. Este viejo discurso burgués de segregación de los Otros, no solo afecta a los animales en general, sino también, a otros grupos culturales. En occidente, el recurso de inferioridad, siempre es tomado para recurrir a la explotación y beneficios de unos pocos, en detrimento del resto.

En la sede de la Feria Ganadera, lugar donde se muestran los animales encerrados y manipulados genéticamente para el consumo humano, se han reportado matanzas de perros y gatos. Esto no es un problema reciente, pues tales matanzas, se han verificado anteriormente y en especial, antes de celebrar sus actividades cada año. Las autoridades de turno, niegan su participación en tales hechos.

La política de la Feria Ganadera, muestra claramente un tipo de ética en la que los animales son meros objetos de consumo, masificados para el desarrollo de un tipo de industria alimenticia para un mercado competitivo y centrado en una moral utilitarista.

En la agenda política del Presidente Danilo Medina, no está incluida ni es prioridad el derecho de protección a otras especies no humana. Pese, a que existe la Ley 248-12, que hace efectiva jurídicamente, la Protección animal y Tenencia Responsable, no se han detenido la matanza de animales, ni los envenenamientos masivos, ya por particulares o instituciones gubernamentales, hospitales y otros.

La política del gobierno neoliberal de Danilo Medina está sostenida en una economía que da permanencia a la pobreza, el despilfarro, el endeudamiento, la irresponsabilidad financiera, el no castigo a los corruptos, el robo al erario público y pérdidas de derechos civiles a las mujeres y hombres. En este pedazo de isla no está garantizado el derecho a los seres humanos, ni mucho menos a los animales no humanos.

El Derecho de los animales es una vía moral. Una sociedad no violenta, que acepta las diferencias, la biodiversidad y sustentabilidad de la vida, justifica la igualdad de los humanos y de los no humanos.

Los perros y gatos callejeros merecen un trato digno, un lugar de acogida, no roban, ni inducen al crimen o la delincuencia, ni producen empobrecimientos, ni distanciamientos de clases. No se justifica el sufrimiento ni las matanzas. Un no al antropocentrismo y a una moral que justifica el sufrimiento, la crueldad, el abandono, el maltrato, los envenenamientos, la tiranía, el racismo, la homofobia, la exclusión, la xenofobia, el androcentrismo, los feminicidios y la libertad de todas las formas de vida.

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