¿Partidos fuertes o democráticos?

Quienes viven “cerrando un ojo para no ver las uñas/sucias de la miseria” deben empezar a explicar mejor y en forma más completa sus opiniones, no sólo por un problema de honestidad intelectual, también por responsabilidad política

Guillermo Cifuentes

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En un periódico leí esta semana del gozo que significa tener partidos fuertes y de la importancia que tan insignes instituciones tienen en la gobernabilidad. Pero como este tipo de juicios se hace sin contexto no incluye la pregunta básica acerca de qué será eso de la “fortaleza”. Y cuando hay preguntas rondando no hay nada mejor que intentar encontrar respuestas.

Partidos fuertes la historia política conoce muchos: el Partido Nacional Socialista Alemán, fue sin duda uno de ellos. El Partido Dominicano fue otro que resultó tan fuerte que a veces como que todavía existe. Entonces las dudas aumentan y el gozo disminuye.

Ya se ha convertido en un lugar común decir que los partidos políticos son fundamentales en la democracia, pero se me ocurre añadir que no por fuertes, sino por democráticos. Evidentemente esa característica es la que tendríamos que rescatar y hasta promover desde la academia y la política. Y aunque suene a perogrullada, es necesario repetir que no puede haber democracia sin partidos democráticos.

Veamos. Cualquier democracia tiene como una de sus características el que sus autoridades se elijan periódicamente y por un período de tiempo determinado antes del momento de la elección. El más fuerte de los partidos en esta media isla eligió a sus dirigentes medios en el año 2001 por última vez y a los máximos en el 2005. Esa es,  a todas luces, una conducta antidemocrática que resulta a lo menos irresponsable elevar como mérito.

Quienes viven “cerrando un ojo para no ver las uñas/sucias de la miseria” deben empezar a explicar mejor y en forma más completa sus opiniones, no sólo por un problema de honestidad intelectual, también por responsabilidad política.

Por ejemplo, estos modernos ideólogos no podrían explicar lo ocurrido con la reforma constitucional de 2015.  Lo digo políticamente pues las presuntas responsabilidades penales se conocerán una vez que la Procuraduría investigue lo que le solicitaron más de una docena de diputados.

La reforma del 2015 dejó material para varios capítulos acerca de la “fortaleza de los partidos”. Es bueno recordar que fueron sólo tres legisladores los que no acataron la orden partidaria y que sólo uno de ellos optó por votar la reforma negativamente. A eso se le puede llamar gobernabilidad y hasta si se quiere estabilidad, pero jamás democracia.

Otro tema sobre el que habrá que intentar discutir es acerca del ‘sistema de partidos’ y su colapso o del peligro que tal colapso ocurra para no parecernos a otros países latinoamericanos. Insisto en que el sistema de partidos cambió y el drama de la democracia dominicana es que el autoritarismo tiene reconocimiento legal y financiamiento público. Se premia la “fortaleza”, no las conductas democráticas.

Pero no se puede olvidar que estamos en campaña y la semana ha sido generosa en material para el estudio, especialmente de la Ciencia Política una ciencia fáctica por excelencia. Dos hechos deberían remecer los claustros académicos: el primero, por supuesto, el video, no porque sea bueno -ni alcancé a verlo completo- sino porque es como leer periódicos viejos a los que les recortaron las noticias importantes. Lo novedoso es la instalada modalidad para determinar qué se puede o no publicar. Queda claro que no fue por malo, pues ningún experto en documentales participó de la decisión de censurarlo. Es decir, la decisión no se debió al cuidado de cuestiones estéticas sino a la determinación de los dueños de los canales de televisión y de sus abogados quienes -podría suponerse que luego de una democrática discusión- dispusieron que era mejor adelantarse a los jueces para evitar que metieran presos a los autores de esta “no obra” de arte. Ellos con una modestia sin límites deciden qué es lo que pueden ver los dominicanos y dominicanas. “Aquí y en la quebrada del ají” eso se llama censura, y de la peor: auto censura. Faltaría saber por qué no fueron consultados o se desconoce la opinión de los directores o editores de los medios donde la línea editorial la definen los dueños y sus abogados. Siempre hay, siempre, una forma digna de ganarse la vida.

El segundo hecho que habrá de remecer las bibliotecas y las aulas, es la moderna validación de las candidaturas por el “número de propuestas”. Tal razonamiento me recordó a Condorito que siendo candidato presidencial en un pueblo ofreció un puente y fue inmediatamente avisado por sus asesores de que allí no había río, a lo que el candidato respondió: “También les construiré un río”. Se puede observar que Condorito hizo de una sola vez, dos propuestas. Estaría casi compitiendo con el hegemónico, que es el que “tiene más”.

Que se quieran ignorar las encuestas es completamente válido, pero rankear por el número de propuestas es, a lo menos, muy torpe.  Mucho mejor sería, por ejemplo, y me atrevo a proponerlo, que la o las propuestas se utilicen para poder ver el concepto de la política, de los derechos, de la democracia, y también de la demagogia, que hay detrás de cada una de ellas.

Perdonen, por último, que termine este artículo reconociendo que me ha impresionado la propuesta del “puño de hierro”. No la entiendo, aunque admito que puedo estar influenciado por el puño que identificaba a la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), la policía secreta de la dictadura militar de Augusto Pinochet en Chile. Cosas de la semiótica.

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