Sin eludir deliberadamente nada

“Aylwin apoyó el golpe de Estado sin ambages. Procuró darle fundamento jurídico y político. En el más inmenso error de su vida, creyó que sería un gobierno militar moderado, transitorio y breve. Quizás, como Frei, en algún momento pudo acariciar la idea de que las Fuerzas Armadas llamarían a unas nuevas elecciones donde triunfaría el PDC, algo como lo que el penoso gobierno de Napoleón Duarte lograría unos años después en El Salvador.”

Guillermo Cifuentes

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“Nada más que decir que siento que se haya muerto”

Armando Uribe

Casi concluyendo mi artículo de hoy fui sorprendido por la muerte del ex presidente de Chile Patricio Aylwin y quise cambiar de tema. Quedará para otra oportunidad ni nota nombrada como “Ay que güeno que eto tá” donde escribimos sobre los videos y la libertad de prensa.

Aylwin conduce a pensar en transiciones y quienes han hecho en estos días aportes tan fundacionales como que la autocensura puede ser legítima, conduce a pensar en dictaduras, esos regímenes políticos que acostumbran a los cobardes, agotan a los débiles y encantan a cómodos e indignos.

Ha sido buena noticia saber que habrá una investigación acerca del novedoso suceso que enseña como se puede estar alfabetizado sin saber leer ni escribir, la mala noticia es que los resultados y los nombres de los responsables difícilmente serán conocidos porque a los compañeros hay cosas que no se les puede hacer.

Pero bien, se ha ido don Patricio y he sido sorprendido por la forma en que las “redes” y muchos medios chilenos han puesto una imagen del dirigente político muy distinta de la que construyó Guillermo O`Donell. Me he vuelto a encontrar con Rafael Otano y sus “Crónicas de la transición” y he leído varias notas periodísticas muy críticas acerca de lo que fue el recién desaparecido político.

Por suerte no alcanzó a “padre de la democracia”, pero vale recordar algunas de sus frases para el bronce: “Si me dieran a elegir entre una dictadura marxista y una dictadura de nuestros militares, yo elegiría la segunda.” (The Washington Post, 26 de agosto de 1973). Como se puede observar no era la democracia la que motivaba su oposición a Allende, él tenía dictaduras favoritas.

Su peor cálculo según el periodista Ascanio Cavallo (cercano al partido de Aylwin): “Aylwin apoyó el golpe de Estado sin ambages. Procuró darle fundamento jurídico y político. En el más inmenso error de su vida, creyó que sería un gobierno militar moderado, transitorio y breve. Quizás, como Frei, en algún momento pudo acariciar la idea de que las Fuerzas Armadas llamarían a unas nuevas elecciones donde triunfaría el PDC, algo como lo que el penoso gobierno de Napoleón Duarte lograría unos años después en El Salvador.

Ya en el año 1975, estaba purgando sus faltas e iniciaba actividades como opositor a la dictadura, muchos años después reconocería que “En esa época yo actué honradamente y de acuerdo a mi conciencia, pero reconozco que me equivoqué medio a medio. Siento mía la tragedia ocurrida en Chile, pero combatí con fiereza la dictadura y, así como me equivoqué yo, nos equivocamos muchos.” (Excelsior, 30 de marzo de 1997)

La transición pactada chilena cuyas consecuencias son totalmente actuales, nos hace recordar a Benedetto Croce en su “Historia como hazaña de libertad” en que declaraba a toda la historia como contemporánea, pues el pasado se ve siempre con los ojos de hoy y eso afecta a todos los políticos que quieran trascender, incluido Patricio Aylwin con su error con resultado de muertes.

Mi pensamiento acerca de la transición y la forma en que las cosas se fueron ordenando quedaron anotadas en una carta pública al Presidente Ricardo Lagos escrita hacia fines del año 2000 conmovido por un escándalo de corrupción, allí escribí: “la moral de la transición en mi opinión quedó inaugurada el viernes 27 de julio de 1984 en un seminario en el Hotel Tupahue en que a lo mejor Ud. estaba “Excelencia, Presidente, Compañero, o como quiera que lo llamemos…” Allí Don Patricio Aylwin dijo “Ni yo puedo pretender que el General Pinochet reconozca que su Constitución es ilegítima, ni el puede exigirme que yo la reconozca como legítima. La única ventaja que el tiene sobre mi a este respecto, es que esa Constitución -me guste o no- está rigiendo. Este es un hecho que forma parte de la realidad y que yo acato. ¿Cómo superar este impasse sin que nadie sufra humillación? Sólo hay una manera: el eludir deliberadamente el tema de legitimidad”. En mi opinión así se inauguró el “realismo político”, es decir una política que fue progresivamente alejándose de la ética, todo se transformó en legítimo y se abandonó la reflexión acerca de la moral, para evitarnos el desagrado de tener que asumir que los cambios políticos se hacían bajo las normas del régimen anterior, eludiendo deliberadamente el tema. Comenzó a reinar y a ser aceptada como “buena” (valoración moral) la ingeniería política, que cambió los sueños por una calculadora…”

Con todo, Chile fue mejor, pero no tanto como lo recuerdan los fantasmas cada día presentes en los titulares: Un ex ministro acusado de cohecho, financiamiento ilegal de la política, el eterno problema constitucional por “eludir deliberadamente el tema”.

Esa es también la herencia que no estará en el epitafio y los que padecimos el horror ‘por error’ seguiremos arañando con Benedetti:

“pero allá arriba otros olvidan

ásperamente olvidan el olor de la muerte

y confían / a quien quiera escucharles

que las culpas ya pasaron de moda”

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