La desregulación de la inmigración es el negocio del siglo

Flady Cordero

Asombro y Espanto me provoca al leer las posiciones radicales de analistas, comunicadores y políticos sobre los inmigrantes y muy en particular de los hijos de inmigrantes haitianos nacidos aquí, que reclaman de la Junta Central Electoral la documentación como dominicanos y dominicanas.

Algunos comunicadores de televisión en tono burlesco, buscan en las manifestaciones de dominicanos y dominicanas de padres extranjeros a dirigentes de Asociaciones sin Fines de Lucro (ASFL) y de organismos internacionales para imputarle la organización de esas protestas; políticos que no se han sentado a leer los antecedentes y evolución de la migración haitiana y olvidan como, en décadas pasadas, sus partidos sacaban documentos “al vapor” para que los inmigrantes haitianos votaran por sus candidaturas; analistas que se supone deben conocer los movimientos migratorios en la humanidad y particular los movimientos poblacionales en la isla, solo se enfocan en acusar, sin presentar prueba de los supuestos intereses de países para que los dominicanos asumamos el problema haitiano.

Para entender el proceso de inmigración en la República Dominicana hay que revisar un poco las cifras y así desmontar que algunos comentarios y afirmaciones no tienen sustentación. Una afirmación que he escuchado en los medios de comunicación y en los comentarios cotidianos de gente común e “ilustrados” es que “los haitianos nos invaden”, otra “que son millones”, que le están “quitando los puestos a los dominicanos”, estos son, entre otros, los falsos argumentos para manifestar el anti haitianismo.

Veamos un poco de historia. Antes del auge de la industria azucarera en el último cuarto de siglo XIX la población migrantes era reducida, con el desarrollo de los ingenios aumentó rápidamente y en el censo del 1920 se registraron 28,258 haitianos residentes y unos 5,763 migrantes de las islas ingresas, para totalizar los inmigrantes orientados principalmente a los ingenios en 34,021, que representan el 3.8% de la población en la época;  para el en 1935 se registran 52,657 haitianos legales y unos 9,272 migrantes de las islas ingreses para totalizar 61,929, en quince años, los inmigrantes haitianos y de las islas ingresas prácticamente de duplicaron y  pero solo representaban el 4.2% de la población.

Con la bonanza de la industria azucarera, el florecimiento del café, que atrajo a inmigrantes puertorriqueños a finales del siglo XIX creció la población dominicana y los inmigrantes. En flujos de inmigrantes era resultado de una demanda de nuestra economía.

El año 1937 fue la matanza de haitianos y de dominicanos de madre/padre haitiana. Sin embargo, de acuerdo en el 1938 había 20,000 haitianos en los bateyes. La matanza ordenada por el dictador Trujillo, no atentó contra la mano de obra del complejo azucarero, mataron a dominicanos y dominicanas de padres haitianas principalmente en los pueblos fronterizos, despoblados y pobres.

El censo del 1950 se registran 18,772 haitianos concentrados en la zona de la producción azucarera y los inmigrantes de las islas inglesas no crecieron significativamente después del 1920. A pesar de la matanza, de la política de fomento de colonia de Españoles y Japoneses, para “dominicanizar la frontera”, del trabajo forzado a dominicanos pobres, la industria azucarera se continuo sustentando en mano de obra haitiana en los cañaverales.

Caída la dictadura, en los gobiernos de Balaguer (1966-78) se contrataban braseros haitianos y una parte regresaba después de la zafra, pero en los bateyes quedaban una población fija para labores en tiempo muerto. Con la crisis de la industria azucarera, parte de esa población de los bateyes se movilizo a otras actividades y conjugado con las crisis de haiti la población de inmigrantes haitianos creció y hoy están en actividades económicas más dinámicas, que demandan mano de obra no especializada.

El crecimiento de los migrantes haitiano es cierto, pero no es una invasión. Toda la población de inmigrantes en la republica dominicana, de acuerdo ENI 2012 y representa el 7.9% de la población. En los Estados Unidos se estima que los dominicanos y dominicanas son alrededor 1.5 millones y que el 64% ha entrado a partir de los años noventas; En los Estados Unidos, pagando su “deuda” de las guerra centroamericano tiene 2.9 millones y se estima en uno 35 millones de mexicano y en España la población inmigrantes es de 12.1% y ni en Estados Unidos ni en España, se dice que son invadida por los inmigrantes de uno u otro país y aunque hay manifestaciones contra los inmigrantes, hay políticas del estado que regula la situación.

Los inmigrantes nacidos en Haití, según se estima en ENI-2012, es de 458,233 que representa el 4.7% de la población y los nacidos en republica de padre o madre extranjera representan el 2.5% de la población de los cuales el 85.9% su padre o su madre son haitiano. En conclusión los inmigrantes haitianos en el país ni son millones, ni nos invaden es un flujo resultado de las disparidades económicas de los dos países y de la demanda de mano de obra no calificada de la republica dominicana.

La migración actual tiene cambio que es importante resaltar. Es mayoritariamente urbana, con una importante concentración en provincias de alta concentración poblacional, la provincia la Altagracia es la de mayor número de población de origen extranjera. El turismo necesita sus braseros. Al ser mayormente urbana y las provincias de mayor concentración poblacional, entonces los inmigrantes se hacen más visibles, esa es la oportunidad de los anti haitiano denunciar que nos invaden y que son millones.

Los inmigrantes haitianos están en las provincias productoras de arroz, caña y de banano demandan mano de obra no especializada y ahí se identifican poblaciones importantes de inmigrantes, y  un porcentaje se mueven para las cosechas de café. Esas labores agrícolas no la realizan los dominicanos, y por tanto, no desplazan “la mano de obra dominicana”, sino que ocupan las labores que los dominicanos y dominicanas no están dispuestos a realizar.

El estado dominicano no ha elaborado políticas migratorias y las leyes y reglamentos existentes no se cumplen, pues la falta de regulación, la ilegalidad de los inmigrantes, los coloca en condiciones vulnerables, reduce el precio de la fuerza de trabajo, garantizando asi mayores beneficios para los empleadores. La falta de regulación no es casual, es parte de una estrategia de mantener una mano muy barata y además, cuando las circunstancias lo requieren, distraer a la población con “el problema haitiano”. En mi próxima entrega me referiré a los dominicanos y las dominicanas de padres o madres extranjeras, otro mito más a desmontar.

 

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